Características de la D.O. Ribera del Duero

La Denominación de Origen Ribera del Duero es una de las de más reciente creación de las alrededor de 70 denominaciones de origen de vinos distintas con las que cuenta nuestro país y, sin embargo, es también una de las más importantes tanto por la calidad de sus vinos como por su volumen de producción, tan solo a la zaga de la todopoderosa D.O.Ca. Rioja. También por el prestigio y la proyección de estos vinos de la D.O. Ribera del Duero dentro del contexto del comercio internacional, fruto del esmerado trabajo de cultivo y vinificación que llevan realizando los agricultores y bodegueros de la región durante décadas. Y es que aunque la Ribera del Duero recibiera la aprobación de su Denominación de Origen en 1982 por parte del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, lo cierto es que esta es una tierra de vino de tradición milenaria. Restos arqueológicos como los encontrados en el yacimiento vacceo de Pintia, en Padilla de Duero (Peñafiel), o el mosaico romano de Baños de Valdearados así atestiguan esta tradición vitivinícola en el corazón de la meseta castellana. Un buen hacer en la elaboración del vino con más de 2.500 años de historia y que ya en tiempos del Imperio romano contribuyó a forjar el prestigio de los vinos de Hispania por todo el mundo. 

De esta tradición beben los actuales vinos de la Denominación de Origen Ribera del Duero, aunando el respeto por la vid, la tierra y las tradiciones, junto con la innovación en las nuevas técnicas de vinificación, siempre a favor de la mejora constante del producto. Vinos marcados por un clima extremo, por la altitud y por la complejidad del terroir, que dan como resultado uvas de calidad exquisita. 

Hoy dedicaremos unos minutos a conocer un poco mejor estos vinos de la D.O. Ribera del Duero, deteniéndonos en esta importancia del suelo y del clima a la hora de configurar sus características organolépticas. Sin dejar de lado aspectos como las variedades de uva aprobadas por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen o los métodos de crianza que se utilizan para elaborar estos grandes vinos de Castilla y León. 

La Denominación de Origen Ribera del Duero

Bajo la D.O. Ribera del Duero se elaboran vinos tintos, rosados, claretes y blancos procedentes de la zona de la cuenca del río Duero, que secciona horizontalmente el territorio de Castilla y León desde los campos de San Esteban de Gormaz, en Soria; hasta los de Quintanilla de Onésimo, en la provincia de Valladolid. Son, sin embargo, los tintos, los vinos por los que más se reconoce esta tierra, en especial por la producción de vinos tintos de calidad, cuyas características los hacen perfectos para la crianza en barricas de roble. Vinos elegantes, equilibrados y bien estructurados, de gran complejidad aromática, intensos y persistentes. Algunos de ellos entre los vinos tintos mejor considerados del mundo. 

En torno a una extensión de unos 115 kilómetros de largo y alrededor de 35 de ancho se reparten más de 23 000 hectáreas de viñedos distribuidos en unas 60 000 parcelas de suelo y altitud irregular. Unos cultivos mimados por los más de 8 000 viticultores de esta región y de los que se nutren las más de 300 bodegas adscritas a la Denominación de Origen Ribera del Duero.  

Repartidos entre las provincias castellanas de Burgos, Valladolid, Soria y Segovia, el 90 % de los cultivos se centran en la producción de la variedad de uva Tempranillo, la más representativa de estos vinos. Y cerca del 9 % de las viñas tienen más de 80 años. 

Clima extremo, altitud y suelos complejos; claves de los vinos D.O. Ribera del Duero

Al buen hacer de los viticultores y de las bodegas de la D.O. Ribera del Duero se suma la influencia de 3 factores clave a la hora de determinar el carácter de estos vinos. Estos son su clima, la complejidad del terroir y la gran altitud en la que se distribuyen los viñedos, una de las más altas de todo el hemisferio norte. 

El clima, a medio camino entre el mediterráneo y el continental, es duro y extremo. Las precipitaciones son bajas, con unos 400 – 600 mm anuales de media. Las temperaturas, muy cambiantes a lo largo de las diferentes estaciones del año, registrando niveles desde los -20° C del frío y largo invierno; hasta los más de 40 °C en los días más calurosos del verano. Estas oscilaciones térmicas son también muy marcadas dentro del período en el que transcurre cada día, sobre todo durante la etapa final del verano, con altas temperaturas durante el día, seguidas de noches relativamente frías. Así, el clima influye de forma fundamental en todo el ciclo vegetativo de la vid, así como en la maduración de las uvas, que se presentan pequeñas y de piel gruesa, perfecta y lentamente maduradas. De un altísimo potencial enológico. 

En cuanto al suelo, este se muestra a su vez complejo y cambiante. Los suelos de la cuenca de la Ribera del Duero, en la gran submeseta septentrional de la Península, flanqueada por los montes de la cordillera Cantábrica y los del Sistema Central, se formaron durante el Mioceno, hace unos 20 millones de años. Durante el paso de este tiempo, el suelo se ha ido erosionando de manera desigual, en gran medida por la influencia del paso del caudal del río Duero a lo largo de los siglos, dando lugar a un terroir muy estratificado en capas de composiciones diferentes a distintas alturas. Así, encontramos en la Ribera del Duero capas arenosas de limo y arcillas que se alternan con capas calizas. Y entre ellas, concreciones calcáreas, cantos rodados y gravas, que permiten el correcto drenaje y aireación de las tierras de cultivo. 

Estos estratos de diferente composición entremezclan en el suelo de la zona a medida que se suceden los desniveles contrastados y extremos. Y así, las diferentes parcelas de los viñedos de la D.O. Ribera del Duero se organizan verticalmente en alturas que van desde los 720 metros de las tierras más próximas al Duero, hasta los más de 1100 metros de altura de las parcelas más elevadas. 

Las variedades de uva de la D.O. Ribera del Duero

Las variedades de uva empleadas son también de vital importancia para definir los vinos de la D.O. Ribera del Duero. Como ya adelantamos, la variedad Tempranillo es la reina indiscutible de esta región vinícola, al igual que sucede con los vinos D.O.Ca. Rioja  y con los D.O. Navarra. Una variedad de tonos violáceos y aroma que recuerda a la mora o a las frutas negras del bosque y que es fundamental a la hora de definir las características organolépticas de los vinos de esta tierra. 

Junto a la Tempranillo, aunque en menor medida, la D.O. Ribera del Duero también autoriza a la utilización de las variedades tintas Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha; y a la variedad blanca Albillo.

En el momento de la vendimia, en la Ribera del Duero se respetan los métodos de cultivo tradicionales y se prima siempre la calidad sobre la cantidad. El 80 % del trabajo de vendimia en la región se realiza a mano, transportando la uva en cajas, para minimizar el sufrimiento de las bayas. La producción de uva dentro de la Denominación de Origen está también limitada a un máximo de 7.000 kg por hectárea, aunque en la práctica no se suelen superar por mucho los 4.000 kg. Con ello se busca un bajo rendimiento de la vid, a través de los trabajos de poda y aclareo, que garantice la obtención de uvas de la mejor calidad. 

Los vinos de la D.O. Ribera del Duero 

 Todo lo anterior se conjuga con maestría en la D.O. Ribera del Duero para elaborar vinos de extraordinaria calidad. Principalmente vinos tintos jóvenes, crianza, reserva y gran reserva; pero también rosados, claretes y blancos jóvenes y con barrica. Veremos cada uno de los casos para conocer en detalle cada una de las características que presentan estos vinos en términos generales. 

Vinos tintos D.O. Ribera del Duero

Según las normas marcadas por el reglamento de la Denominación de Origen Ribera del Duero, estos vinos deben elaborarse con al menos con un 95 % de las variedades autorizadas, siendo la Tempranillo la protagonista principal con al menos un 75 %. 

Estos vinos tintos se categorizan, a su vez, por el grado de evolución y crianza que reciben tanto en barricas de roble como en botella. Y así, podemos hablar de vinos jóvenes o roble, cuando no tienen estancia en barrica o esta es inferior a 3 meses, en el caso de los primeros, o cuando pasan por barrica durante al menos 3 meses en el caso de los roble; vinos tintos Crianza, cuando tienen al menos 24 meses de envejecimiento, con al menos 12 en barrica; Reserva, con unos envejecimientos de al menos 36 meses, con 12 de barrica; y Gran Reserva, cuando son envejecidos durante un mínimo de 60 meses, pasando al menos 24 de ellos en barricas de roble. 

Desde el punto de vista organoléptico los vinos de la D.O. Ribera del Duero muestran a menudo muchas de las siguientes características durante las 3 fases de la cata:

  • A la vista. Son vinos límpidos y de color intenso y brillante cuando son jóvenes, presentando un cierto nivel de turbiedad leve en el caso de los Gran Reserva más envejecidos. La variedad cromática que presentan abarca gran parte de los colores de la familia del rojo, desde el rojo violáceo en los jóvenes, pasando por los granates y púrpuras de los Crianza, hasta los rojos teja más apagados que muestran los Reserva y Gran Reserva.
  • En la nariz. En nariz son intensos y elegantes, mostrando a menudo notas de frutas del bosque y bayas silvestres negras y rojas. Los vinos roble y Crianza van conjugando estos aromas con los propios del roble, que adquiere un protagonismo mayor en el caso de los Reserva y Gran Reserva. Según envejecen, los vinos de la D.O. Ribera del Duero van ganando en matices aromáticos terciarios: especias, tostados, cuero, vainilla, regaliz, minerales. Una complejidad aromática que aún deja sitio para los aromas básicos frutales, aunque en este caso, recordando más a la fruta sobremadurada, a las confituras y a la compota.
  • En boca. Los tintos de la D.O. Ribera del Duero se muestran, en términos generales, elegantes y equilibrados en su paso por boca. Con un buen nivel de acidez y unos taninos redondos. Los jóvenes son fáciles de beber y de cuerpo medio o medio-bajo; mientras que los vinos con más crianza ganan en cuerpo y persistencia, sin dejar de presentar nunca un cierto carácter fresco gracias a un buen punto de acidez. 

Vinos rosados D.O. Ribera del Duero

Los rosados de la D.O. Ribera del Duero se elaboran con al menos un 50 % de las variedades tintas autorizadas. Con ellas se producen rosados jóvenes y a menudo también rosados con envejecimiento en barrica y en botella. 

Son vinos que se caracterizan por su vivo color rojo fresa y muestran a menudo reflejos violáceos. En la nariz recuerdan a aromas de frutas maduras y bayas silvestres. En el paso por boca son afrutados, frescos y muestran buen grado de acidez bastante característico. 

Vinos blancos D.O. Ribera del Duero

En cuanto a los vinos blancos de Ribera del Duero, estos se elaboran al menos con un 75 % de la variedad Albillo, lo que define en gran medida sus características organolépticas. Los blancos jóvenes son afrutados, de colores amarillos pajizos, claros y brillantes. En boca resultan frescos, equilibrados y de buena acidez. Los blancos con crianza pueden elaborarse con fermentación en barrica. Además deben mantener un cierto tiempo de envejecimiento en roble de al menos 6 meses como parte de un tiempo total de maduración mínimo de 18, 24 o 48 meses, en función de si son blancos Crianza, blancos Reserva o blancos Gran Reserva. Son vinos visualmente más intensos, que van desde el amarillo pajizo hasta el dorado añejo. En estos casos, la fruta deja paso a los aromas más evolucionados de la madera. 

Valderivero, nuestra apuesta en la D.O. Ribera del Duero

Dentro de la propuesta enológica del Grupo Marqués del Atrio, los vinos Valderivero son nuestra personal apuesta dentro de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Tres vinos tintos 100 % Tempranillo, elaborados con el mayor respeto a la tradición vinícola de esta tierra, a partir de uvas procedentes de diferentes parcelas ubicadas en tres niveles de altitud en la región de Roa, en pleno corazón de la Ribera del Duero. 

Valderivero Joven D.O Ribera del Duero

Un vino brillante, fresco, afrutado y fácil de beber. Elaborado con uvas procedentes de las tierras más próximas al río Duero, a un altitud de entre 700 m y 800 m.

Valderivero Roble D.O Ribera del Duero

De parcelas situadas a una mayor altitud, de entre 800 y 830 m, con un terroir franco-arenoso con componentes de arcilla y caliza. Obtenemos un vino muy aromático y frutal, con buen cuerpo, carnoso y elegante.  

Valderivero Crianza D.O Ribera del Duero

Elaborado a partir del fruto de viñedos situados a entre 830 y 950 metros de altitud, en suelos pedregosos de composición caliza. El terroir a gran altura y las condiciones de clima extremo proveen unas uvas de gran calidad, que dan vinos con buen cuerpo, perfectos para una crianza de 14 meses en barricas de roble francés y americano. Vinos intensos y de gran complejidad aromática.