Tipos de vinos y en qué se diferencian

Los vinos de uso común que gozan de una gran reputación se diferencian entre sí por su color, fragancia y sabor, sus proporciones de alcohol, de materia azucarada, de ácido carbónico y de bi-tartato de potasa en disolución.

La diversidad de estos principios depende de la naturaleza del suelo, de las especies de vides cultivadas, de su labor, de su situación, del clima, de la madurez de la uva, de la regularidad de las estaciones y del modo de dirigir la fermentación.

Por todo ello, los vinos se pueden clasificar atendiendo a tres criterios fundamentales: una clasificación general, una clasificación basada en su edad y una última en función de su grado de dulce o nivel de azúcar.

Los vinos se pueden clasificar en términos generales, por su edad o por el porcentaje de azúcar de los mismos.

Por un lado, y atendiendo a una clasificación generales, los vinos pueden ser vinos tranquilos, como los blancos, rosados y tinto; y vinos especiales.

Los vinos tranquilos son aquellos cuyo contenido alcohólico se encuentra entre 9 y 14,5 grados. Suelen ser secos y el proceso de elaboración tiene muchas características comunes. El vino blanco es aquel que se obtiene a partir de uvas blancas, el tinto de uvas tintas a las que no se les ha separado los hollejos y el vino rosado obtenido, tanto de uvas tintas a las que se les ha separado los hollejos como de mezcla de uvas blancas y tintas.

Los vinos especiales son los generosos, licorosos generosos, dulces naturales, mistelas, espumosos naturales, gasificados, de aguja, enverados, chacolís, vinos aromatizados, vermuts y aperitivos vínicos. Generalmente, estos vinos son dulces o semidulces con graduaciones alcohólicas altas que son resulta de una adición. El proceso de elaboración de estos vinos es diferente en cada caso.

Por otro lado, según su edad, encontramos vinos jóvenes o vinos de crianza, siendo éstos a su vez: crianza, reserva y gran reserva.

Los vinos jóvenes son aquellos que no han experimentado ningún tipo de crianza en madera y los vinos de crianza han pasado un mínimo de crianza entre madera y botella. Los primeros conservan las características varietales de las uvas con las que están elaborados y su consumo recomendado está entre los 12 y 24 meses después de la vendimia. Los segundos son vinos que desarrollan otras características organolépticas por su periodo de envejecimiento en barrica y su consumo ideal está en un plazo de 3 a 10 años, pudiendo encontrar algunos que llegan a los 20 años. Generalmente, los vinos de crianza son tintos, aunque también pueden encontrarse vinos blancos.

Además, los vinos pueden clasificarse en función de su proporción de azúcar atendiendo a la siguiente tipología: vinos secos, aquellos que contienen menos de 5 gramos de azúcares por litro; semisecos, entre 5 y 15 g/l; abocados, entre 15 y 30 g/l, semidulces, entre 30 y 50 g/l; y dulces, aquellos que contienen más de 50 g/l de azúcares.