Tipología de botellas

El origen de la botella de vino se remonta a la época de los fenicios en el siglo I a.C., cuando descubrieron la técnica del vidrio soplado. Las pérdidas por evaporación o podredumbre junto con el desarrollo del comercio marítimo a larga distancia, hicieron que en el siglo XVII se popularizara el uso de la botella de vino más o menos tal y como la conocemos.

Una de las variables más importantes de la botella es su forma. Existen multitud de ellas, pero las que usamos se limitan a una docena. La forma suele determinar el contenido y toman su nombre de la región donde comenzó a utilizarse por primera vez. En base a esto y al uso mayoritario, podemos distinguir los siguientes tipos de botellas de vino:

Bordelesa: Toma su nombre de la zona de Burdeos (Francia). Es la más clásica y conocida. Se caracteriza por su grosor y sus formas redondeadas, además de tener un embudo corto y hombros altos. Se suele utilizar para crianza y reposo. Es ideal para decantar el vino.

Borgoña: También de origen francés, tiene los hombros más caídos y el embudo más largo. Suele usarse para contener vinos tintos.

Renana o alsaciana: Puede que tenga su origen en las regiones de la Renania alemana y la Alsacia francesa. Se caracteriza por su forma alargada y grácil. Es la botella más indicada para blancos y rosados

Champañesa: Originaria de la región francesa de Champagne, como su propio nombre indica es la más adecuada para vinos espumosos. Tiene un fondo cóncavo y vidrio más grueso que el resto para soportar la presión que se genera tras la segunda fermentación en botella.

Jerezana: Es la más utilizada para los vinos de Jerez andaluces. Es parecida a la bordelesa, aunque su cuello tiene algo más de forma.