La barrica de roble

El vino necesita ser contenido en recipientes tanto para su elaboración como para su transporte. Para este cometido se han utilizado desde tiempos inmemoriales las barricas de madera. Pero el papel de estos recipientes no es sólo el de contener esta bebida, si no que juegan un papel decisivo en la elaboración, la fermentación y el resultado final de un buen vino.

Los materiales con los que estén elaborados estas barricas influyen directamente en el sabor, la textura, el olor, la acidez y aporta matices únicos a cada cosecha. Durante el tiempo que el vino repose en la barrica, además de la evolución de las propiedades organolépticas, la madera aportará al vino sustancias como taninos, y resveratrol (ambas sustancias saludables y agradables al gusto), favorecerá su microoxigenación y la separación de posibles sedimentos. Por esta razón, el material con el que estén elaboradas estas barricas es clave para obtener un vino de calidad.

Existen diferentes tipos de madera con los que se suelen fabricar las barricas como la de acacia, la de cerezo, pino o castaño, pero son las de roble las que destacan por sus propiedades.

Las barricas de roble son las más utilizadas por sus propiedades, su resistencia al paso del tiempo, la humedad, los cambios de temperatura y por su sincronía con el vino. Los vinos que envejecen en barricas de roble destacan por ser vinos más suaves y aromáticos. Y para rizar más el rizo, seguro que sabes que dentro de las barricas elaboradas con madera de roble existen diferencias entre las procedentes de una región y otras. A continuación, te detallamos cada uno de los tipos de robles más utilizados en barricas.

  • Roble francés: Es el más utilizado en las bodegas europeas junto con el americano. Son barricas originarias de Burdeos (Francia). Destacan por aportar una pausada microoxigenación al vino.
  • Roble americano: Se caracteriza por apartar más cuerpo a los vinos que contiene.
  • Roble español: Aporta aromas a café, almendras o cacao.