Botero, un oficio con mucha tradición

Hasta entrados los años 40, la familia Rivero regentó una botería en los soportales del antiguo edificio del Ayuntamiento de Arnedo. Fue Agapito Rivero, segunda generación de la familia, quien se especializó en un oficio necesario para una época donde el vino se comercializaba de forma muy distinta a la actual.

Botería Hijos de Agapito Rivero situada en los soportales del antiguo Ayuntamiento de Arnedo.

Más tarde, su hijo Amador Rivero cogió el testigo de su padre durante unos años hasta que el vino dejó de transportarse en pellejos y se empezó a hacer en toneles. Para aquel entonces la familia ya estaba centrada por completo en la elaboración del vino.

Hablamos de una época en la que el vino no se transportaba como ahora. De ahí que las boterías y el oficio de botero tuvieran gran importancia en la vida social, lo que poco a poco se iría perdiendo hasta llegar a la desaparición de nuestros días.

El oficio de botero tenía entonces una gran importancia en la vida social, algo que con el tiempo se fue perdiendo hasta llegar a la desaparición en nuestros días.

En la botería de Amador, como en las de otras poblaciones españolas, se almacenaban miles de pellejos, odres y corambres para transportar el vino y distribuirlo entre los establecimientos a los que abastecían. La labor del botero era la de reparar y renovar los deteriorados materiales que se utilizaban una y otra vez para el transporte del preciado líquido. También confeccionaban odres y pellejos nuevos, así como las populares botas.

Desde el negocio artesanal se daba trabajo a muchos vecinos y a talleres de botería de la zona de influencia. Sin embargo, la modernización en los sistemas de transporte del vino, con el uso de grandes cisternas o envases de vidrio y plástico, el oficio de botero dejó de tener sentido y paulatinamente ha ido encaminado a su desaparición.