Botella Borgoña, descripción y características

Para disfrutar al máximo un vino, hay que tener en cuenta numerosas variables desde el almacenaje hasta el servicio del mismo. En este último punto, intervienen factores tan relevantes como la temperatura, oxigenación y descorche del vino, y otros, no tan conocidos, como las características del formato de botella en sí.

Existen diferentes formatos de botella: bordelesa, borgoña, rhin, cava o jerezana, entre otras. Cada una de ella, posee unas características concretas en función del vino que albergue o el origen del mismo.

Hoy en el blog, nos centraremos en la botella borgoña, el tipo de botella más antiguo que se conoce, desde que el 1970 se homogeneizase la distribución de vino.

Proveniente de la producción vinícola de la Borgoña Francesa, el diseño de esta botella se caracteriza por su cuerpo cilíndrico, ligeramente más ancho que la bordelesa, que roza los ocho centímetros de diámetro. Tiene una silueta muy reconocible por sus hombros caídos y una altura de casi 29 centímetros y, a su vez, presenta diferentes formatos: borgoña cóncava y borgoña convexa.

Otras variables como el color y el grosor del vidrio tienen una función protectora de la luz solar. Los colores más oscuros se destinan a vinos que vayan a pasar temporadas más largas en botella, como los reserva o crianza, mientras que las botellas transparentes se emplean en vinos rosados o blancos cuyo color los caracteriza.

Tradicionalmente, en España, este tipo de botellas era utilizado para garnachas, así como para algunas zonas de Galicia o del Bierzo. Sin embargo, a día de hoy, su uso se está extendiendo por otras muchas regiones.

En Grupo Marqués del Atrio, utilizamos el estilo borgoña, por ejemplo, en Bodegas Faustino Rivero Ulecia para los vinos de la gama perteneciente a la DOCa Rioja, una de las más antiguas de la región.