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Las familias aromáticas del vino

El olfato, como sentido imprescindible en la cata de vino, permite distinguir entre diversos aromas que componen las denominadas familias aromáticas del vino. Estos aromas han sido clasificados en diferentes listas que normalmente distinguen entre diez tipos distintos de familias aromáticas. Aunque ni la denominación ni la clasificación responden a estándares establecidos, es habitual encontrar esta división en lo que a aromas en enología se refiere:

  • Afrutados: con ligeros toques de frutos como el limón, la naranja, la ciruela, la fresa, las pasas, etc.
  • Vegetales: con un evidente predominio de notas como el helecho, el laurel, la hoja de parra, etc.
  • Florales: con ligeros aromas a la propia flor de la vid, o a otras flores como acacias, rosas blancas, jazmines, etc.
  • Balsámicos: entre los que destacan el pino, el regaliz, la menta, etc.
  • Empireumáticos: con toques de piedra quemada, pólvora, cuero o café.
  • Etéreos: recuerdan a acetona, lácteos y mantequillas.
  • Químicos: tienen ligeros toques que recuerdan a los ácidos como el acético, sulfuroso, medicinal, cloro.
  • Especiados: entre los que destacan
  • Animales: están relacionados con la caza, por lo que podemos encontrar en ellos notas de almizcle, carne o pelo de animal.
  • Maderas: proceden de los taninos del roble de las barricas, pudiendo encontrar aromas a madera verde, cedro, corteza, etc.